Magí Puig es un artista plástico catalán, nacido en Palou, provincia de Lleida, en el año 1966. Quién sabe si la belleza de su pequeño Palou natal, en la Catalunya interior, o el entorno cercano del mar y la montaña estimularon la sensibilidad de Magí niño para inclinarse hacia el arte y el dibujo a lápiz, su primer gran amor. Lo cierto es que para mediados de la década del ´80 encontramos a Magí Puig estudiando en la Universidad Sant Jordi de Barcelona, de donde egresó en 1989 con el título de Licenciado en Artes Plásticas; para más tarde continuar sus estudios en la Winchester School of Arts de la ciudad de Southampton en el  Reino Unido.

Al contemplar la obra de Magí, su manejo impecable de la técnica y de sus recursos expresivos, el ambicioso planteo compositivo de sus pinturas y, sobre todo, el luminoso espectro cromático que utiliza; nos introducimos en un mundo que tiene ligazón con el nuestro, en donde reconocemos personajes, lugares, calles o playas, pero que fundamentalmente es otro mundo, el mundo de Magí. Y ese mundo está compuesto de fotogramas fascinantes de una acción supuesta, calles marroquíes congeladas a la hora de la siesta, playas meridionales con el sol cayendo a plomo y disolviendo las sombras y las figuras, artistas de circo en plena acción, o instantáneas de lugares entrañables: mercados, bibliotecas, habitaciones, etc. Donde Puig, que se define a sí mismo como un alquimista, destila lo esencial de lo que registra su pincel.

 

 

Y en este sentido, el título de este artículo-entrevista se refiere a que la figuración de Magí Puig es una plenamente contemporánea. Posible en esta época de devaluación del arte figurativo a manos de la abstracción y las diversas corrientes emparentadas con el arte conceptual. Porque la pintura de Puig tiene en cuenta no solamente los aportes de la historia del arte previa al siglo XX, sino todos los desarrollos de la pintura abstracta, la ilustración y la fotografía.

Por un lado el manejo de la composición es tan o más importante que el resto de los elementos pictóricos, ninguna de sus obras supedita ésta al desarrollo del detalle o de los personajes. Todos están allí por algo, todos articulan una estructura que muchas veces recorta y secciona a esos personajes en  función de la composición. En esto sus lienzos siempre están respaldados por un planteo sólido del orden de la abstracción. Y si hablamos de fotografía, los puntos de vista que en ocasiones adopta Magí: picados y contrapicados, planos que sugieren instantáneas; tienen una espontaneidad y una voluntad fotográfica. Pero la pintura de Puig no busca la mímesis, sino por el contrario, las figuras son esenciales, develan lo suficiente de lo que quieren re-presentar como para que lo reconozcamos y empaticemos, pero hay cierto misterios velados en la forma, misterios que el espectador debe resolver.

Hay algo de la pintura de Magí Puig que nos hace pensar en el pintor Joaquín Sorolla. Y ese algo que relaciona a este valenciano del siglo pasado y este catalán contemporáneo, como el golfo de Valencia que enlaza con la costa de Cataluña frente al Mar Balear, es la luz irrepetible  del Mediterráneo. Pero hasta allí llega el parentesco, porque la obra de Puig tiene un planteo completamente diferente. A pesar de eso sus playas bañadas por esa cálida e irrepetible luz meridional, lo mismo que sus callejones del norte de África, tienen ese “no sé qué” inconfundible que enlazan una luz en particular con una geografía en particular.

 

 

Y puestos a hablar de luz y color, llegamos a uno de los puntos fuertes de la obra del Puig. Porque el color, en bellas claves tonales que invitan a una relajante introspección, es una de las facetas más estimulantes de sus cuadros. Lejos también de la figuración clásica, como un músico que busca nuevos acordes en su instrumento para inaugurar renovadas formas de expresión, Magí explora el color, lo deconstruye y lo vuelve a armar frente a nuestros ojos sin perder, increíblemente, la armonía. Quita el celeste de un cielo y lo sustituye por un cálido y explosivo rojo o naranja. Asombrosamente la obra sigue funcionando, la armonía está allí, y dejamos pasar ese cielo bermellón como si en el mundo Puig los cielos fueran de ese color.

 

Alguna vez has dicho que el lápiz fue el gran compañero de tu infancia. ¿Cómo fue el paso al color? ¿Lo descubriste en la academia o el color siempre estuvo allí sin tener las herramientas para expresarse?

El lápiz me acompaña desde siempre, en cambio  mi relación con el color fue más compleja. Recuerdo utilizar los lápices de colores, la acuarela o la témpera muy tempranamente, pero donde me sentía cómodo era dibujando. El color estaba allí aunque sin demasiado entusiasmo y, para colmo, mi primera experiencia con la pintura al óleo, después del magnifico regalo de una caja de pinturas fue tan  “traumática” que durante mucho tiempo tuve pesadillas con una paleta que desbordaba y lo manchaba todo, mis manos, mi ropa, los muebles. No había manera de dar con el color adecuado, de manera que cada vez la paleta se reducía, invadida por una enorme cantidad de pintura desechable, los pinceles no se limpiaban fácilmente, las manos tampoco…

Recuerdo haber verbalizado claramente convencido que lo realmente importante era el dibujo y que la pintura era secundaria y no me interesaba ni me interesaría nunca.

 

Naciste en un pueblo pequeño, has vivido en Barcelona, Reino Unido y viajado por el mundo. Sin embargo actualmente vivís en Tárrega, cerca de dónde naciste. ¿Tu arte necesita de las raíces para expresarse? ¿Encontrás algo allí que no encontrás en las grandes metrópolis?

Supongo que sí, me he criado en un pueblo pequeño y ahora vivo en una ciudad pequeña, siento que las grandes ciudades son un entorno hostil para mí, evidentemente me gusta visitarlas, acudir a museos, galerías, pero nunca viviré allí si puedo evitarlo.

Siento que aquí la vida es más amable, con menos perturbaciones y pérdidas de tiempo. Vivo y trabajo en una casa grande, con un estudio adecuado, muy luminoso y con un pequeño y balsámico jardín. Esto no podría permitírmelo en una ciudad como Barcelona.

 

 

Cuando se mira tu obra llama la atención que no haya un énfasis determinado en el dominio de un aspecto de la técnica. La composición, el color, el dibujo, los detalles, están en perfecto equilibrio. ¿Eso es consciente o espontáneo? ¿Tenés exactamente en mente lo que vas a pintar y cómo lo vas a hacer antes de ponerte ante el lienzo, o la imagen va surgiendo en el proceso de pintar?

En gran medida es consciente, doy mucha importancia a la composición, aspecto bastante olvidado en general por muchos pintores, obsesionados por la técnica.

Cuando empiezo una obra tengo una idea bastante clara de lo que me gustaría conseguir y durante el proceso de creación intento estar muy atento a lo que la obra va demandando, trato de trabajar con las orejas abiertas.

Me identifico mucho con los autores que cuentan que a partir de un momento los personajes toman sus propias decisiones, es por ello que en numerosas ocasiones a los cuadros tengo que añadirles espacio, (dípticos o trípticos), o cortarlos porque la composición no funciona.

Siento que hay un decalaje de varios años entre la obra que intuyo y la que realmente soy capaz de plasmar en la tela.

 

Todo artista tiene influencias, aunque no siempre tienen que venir de su propio campo de incumbencia. ¿Qué pintores, pero también que ilustradores, o escritores, o películas o artistas de otros campos pensás que han influido en tu obra? Quizás más allá de lo formal, en términos de la filosofía con que entendés el arte.

Como decía, lo que realmente me interesaba era el dibujo, entré en Bellas Artes queriendo ser dibujante de cómics, estudiaba por la mañana y me pasaba la tarde entera dibujando en mi habitación hasta que me llamaban para cenar, olvidado del tiempo como dice el tópico, cosa que nunca me ha pasado con la pintura, por cierto.

Mis primeras influencias son de este mundo, grandísimos dibujantes y narradores como vuestro malogrado compatriota Juan Giménez, (Factor Límite, aun lo conservo como una reliquia), Carlos Giménez, Enki Bilal, Tha… Creo que buena parte de mi base de dibujo y composición la he aprendido de ellos.

Ya en el campo de la pintura, no terminaría nunca de citar nombres: la sabiduría de Velázquez, la emoción de Vermeer, la intimidad de Vuillard y de Bonnard, la austeridad de Morandi, la verdad de Wyeth… y como artista vivo sin duda destacaría la obra y la actitud de Antonio López.

Me gustaría citar aquí algunos fotógrafos como Ramon Masats o Leopoldo Pomés, maestros de la composición.

 

 

Más arriba mencionábamos que tu obra es una figuración posible en el mundo del arte actual. ¿Cómo ves el arte contemporáneo y en particular al arte figurativo contemporáneo?

El concepto de arte contemporáneo es tan amplio y complejo que no me atrevo a valorarlo. Por lo que se refiere a mi materia, la pintura figurativa, siento que goza de una mala salud de hierro, a pesar de que en muchas ocasiones se ha intentado enterrarla, ignorarla y apartarla de los grandes museos y colecciones, sigue aquí tercamente y cuando hay ocasión de ver una buena exposición el público responde.

Dentro del gran número de pintores que están trabajando actualmente supongo que se necesita el paso del tiempo para dilucidar lo realmente interesante.

 

Manejás un registro amplio a la hora de elegir tus temas. Paseás desde motivos completamente estáticos y vacíos de la presencia humana, como imágenes de calles y edificios; a lugares superpoblados y llenos de gente como una playa, u obras llenas de energía como los artistas de circo o las imágenes de niños saltando. ¿Qué te lleva a elegir un motivo?

Supongo que la situación personal influye, normalmente un tema me lleva a otro, por ejemplo: después de pintar escenas de mercados de mi región, me interesé por los coloridos puestos del Senegal y esto me llevó a los mercados flotantes de Vietnam, a la vez que al descubrimiento de la arquitectura colonial de Senegal me incitó a buscarla en La Habana y luego en Tánger…

Aunque hay temas que me ha acompañado durante muchos años, como las escenas de playa. Cabe decir que en el fondo los temas no son más que un pretexto para no aburrir ni al público ni a mí mismo.

 

 

Expusiste en numerosas salas y ferias de Barcelona, Madrid, Londres, París, Ginebra, Nueva York, Toronto y Montpellier. Es decir, tenés establecida una relación con el circuito tradicional del arte. Sin embargo, podemos encontrar tu obra en la etiqueta de un vino. ¿Es un ejercicio marginal o pensás que existe lugar para tu arte en otro tipo de soportes y en relación con el diseño en comunicación visual u otros medios? ¿Tenés intención de profundizar en este tipo de soportes alternativos?

Yo me siento básicamente pintor y tengo todas mis energías canalizadas en ello.

Es cierto que algunas de mis obras han ilustrado etiquetas de vino o portadas de libros. Hasta ahora esto ha sido anecdótico, aunque es verdad que cada vez que he tenido ocasión de participar en estos proyectos la experiencia ha sido muy positiva

 

El catálogo de tu última exposición en la galería Messum´s de Londres en 2020, apunta a tu falta de inhibiciones al utilizar la fotografía y la computadora para desarrollar tu estilo. ¿Nos podés contar cómo los utilizás para desarrollar una imagen?

Cuando empiezo una serie nueva, la primera aproximación es a partir de la fotografía. Por ejemplo, en mi última serie sobre Marruecos, lo primero es visitar la zona elegida en modo  turista, con la cámara en  mano y disparando a diestro y siniestro, la experiencia me ha demostrado que no tengo que intentar hacer “buenas” fotos, sino tomar instantáneas lo mas amplias posible.

El verdadero trabajo empieza luego en el estudio con el volcado de todas esas imágenes en el ordenador, que me sirven de base para extraer de allí los pequeños tesoros que esconden. Es ahora cuando las recorto, las recompongo, les cambio la luz.

 

 

Hay una exposición que realizaste en Montpellier en el año 2015 que se llama sugestivamente “Confidencias”, donde desarrollás un registro muy diferente a tus otras obras. Te metés en la casa-hogar, en la intimidad de los espacios cerrados, de los niños durmiendo y sus camas desordenadas. ¿Qué te llevó a explorar ese otro mundo?

Esta serie coincidió con un momento tan especial como el nacimiento de mis hijos y realmente surgió de manera espontanea, sencillamente no podía dejar de pintarlos.

 

La arquitectura como motivo es un componente muy fuerte en tus últimas exposiciones, como si hubieses focalizado tu interés en ese aspecto de tu obra. ¿Tenés períodos donde te centrás en un tema para profundizarlo, períodos arquitectónicos, playeros, circenses, etc.?

Como bien dices, me gusta trabajar por series porque me permite profundizar en los temas. Actualmente estoy muy centrado en la arquitectura, ya sea Lisboa, Fez o Tánger. Este interés siempre ha estado presente en mi obra, véanse las series de La Habana, Venecia, Saint Louis… creo que como te decía al principio ahora llego a soluciones plásticas que hace años no podía.

 

Para terminar. ¿Nos podés contar qué motivos y qué tipo de obra estás desarrollando actualmente?

Actualmente sigo con la serie marroquí, con escenas urbanas de Lisboa y recientemente me he atrevido con Barcelona, hace mucho tiempo que me apetecía pintarla pero quizás el exceso de proximidad me ponía algún reparo.

 

¡GRACIAS Magí!

 


 

Sitio Web de Magi Puig:

http://www.magipuig.es

 


 

Los artículos publicados en la revista CRANN no expresan las opiniones de los directores, editores y responsables de CRANN, quienes no asumen la responsabilidad por su autoría ni naturaleza. Se permite la reproducción de los artículos y material publicados solo a fines de difusión y no de lucro, siempre citando la fuente y consultando antes a su autor cuyo contacto se puede solicitar en el apartado de Contacto del sitio Web de CRANN. En el caso de material visual facilitado por sus autores a CRANN no se permite su reproducción sin autorización de los autores.