El término pin-up quiere decir “colgar en la pared” y se refiere a los dibujos o fotografías de mujeres bonitas en actitudes provocativas, mezcla de erotismo e ingenuidad. De algún modo hablar de las pin-ups es hablar de los carteles, de su historia. Comenzaron como dibujos y luego fueron fotografías de voluptuosas mujeres en poster, postales e ilustraciones de revistas y almanaques. De ahí al actual almanaque de gomería hay un sólo paso. Estas chicas hicieron famosos los conceptos de cheesecake (algo así como “está más buena que un pedazo de torta”, correlato de nuestro vernáculo “caramelito”) y girl-next-door (la vecinita) que mostraban que detrás de cualquier mujer sencilla y común puede estar escondida una bomba sexy.

Surgió como género en Estados Unidos entre los años 30 y 40, tuvo su auge a mediados de los 40 y 50.La popularidad fue tal que el gobierno norteamericano envió cargamentos de calendarios pin-up para levantarla moral de los soldados en el frente de batalla durante la Segunda Guerra Mundial. Aún hoy día existen cultores del género y coleccionistas que pueden pagar cantidades interesantes de dinero por esas viejas piezas cubiertas de un hálito de nostalgia, de esos viejos tiempos que ya no volverán. En esos años, Estados Unidos se estaba recuperando de la Gran Depresión.

Mediante el New Deal de Roosevelt se brindaba la posibilidad de acceder al consumo a sectores de la sociedad que nunca habían tenido dicha oportunidad (la libertad y la libertad del consumo suelen ser sinónimos). La crisis económica y sus consecuencias habían aumentado la necesidad de evasión. El cine se había convertido en una de las principales industrias del país: en 1939 facturaba u$s 700 millones y modelaba un estilo de vida, “un mundo encantado donde todos eran ricos, donde la dactilógrafa pasaba la luna de miel en un palacio en las Bermudas”1.Y podemos agregar, donde la vecinita de al lado podía convertirse en una sexy pin-up.

Los primeros pasos.

El término empezó a usarse de modo frecuente en inglés en 1941, pero se lo encuentra ya en los años noventa del siglo XVIII. Las imágenes de pin-ups podían recortarse de revistas o periódicos, ser tarjetas postales o litografías. Las fotografías de las pin-ups que aparecían en calendarios estaban pensadas para ponerlas en lapared y es precisamente eso lo que quiere decir pin-up.

En cuanto a los inicios, algunos sostienen que la primer ilustración estilo calendario corresponde a Angelo Asti que en 1904 dibujaba la primera “pretty girl” para Brown & Bigelow (una de las empresas más grandes de la edición de calendarios). En 1912 Paul Chabas realizó su trabajo “September Morn” en el que podía observarse a una señorita que está presta a darse un baño con una actitud completamente inocente. En 1913 la Sociedad para la supresión del Vicio de Nueva York censuró este desnudo, aunque la imagen siguió ilustrando miles de calendarios, cajas de bombones y postales.

Otros sostiene que el precursor fue Charles Dana Gibson (1867-1944) con sus Gibson girls que presentaba un prototipo de la joven estadounidense de desenvoltura varonil, que precedió a la vampiresa de los años 20. Estas señoritas aparecían en situaciones cotidianas y no siempre con poca ropa, ya que lo importante era la pose, la actitud. Es interesante rescatar que fue el primer ilustrador que cobró dela revista Life.

Sin embargo y lejanos a intentar determinar la paternidad (porque esto es cosa de hombres) de las pin-up hay que reconocer las influencias de Jules Chéret (1836-1932), llamado “el padre del cartel moderno”, quien dio inició al cartel artístico cuando imprimió litografías en color en 1870. Junto a Alphonse Muchá inventaron los carteles del Art Nouveau en París. A fines del siglo XIX elaboraron una concepción del erotismo elaborada e ingenua a la vez. El erotismo de la línea y de la curva por sobre el exceso y voluptuosidad de las formas femeninas.

En la veta picaresca habría que nombrar al austríaco Raphael Kirchner y las postales parisinas que realizaba. Muchachas a las que el viento, por ejemplo, arrebataba la ropa y transparentaba sus formas debajo de la vaporosa tela del vestido.

Del mismo modo que no podemos obviar a Toulose Lautrec (1864-1901) y sus afiches parisinos, sus cuadros de bailarinas y prostitutas, de la vida nocturna del Moulin Rouge. Cito:

“La mirada, siempre en acecho, de Toulose-Lautrec descubría a las diosas del café-concert extrañamente maquilladas y con la sorprendente iluminación de abajo arriba que proyectaban las candilejas. Para ellas realizó una fantástica serie de carteles utilizando la litografía en colores, modalidad que revolucionó totalmente: Jane Avril, alegre, con su silueta elegante y fina, danzaba ‘como una orquídea en delirio’ según decía Maurice Joyant; Yvette Guilbert, la cantante de los largos guantes negros, que en 1895 tenía el mismo éxito entre el gran público y los intelectuales que Greta Garbo en 1930 o Brigitte Bardot en 1960 ; May Belfort, la irlandesa que aparecía en escena perversamente vestida de bebé, con un gatito negro en los brazos; la pelirroja inglesa May Milton, y tantas otras. Para todas ellas, los muros de París de la belle époque se cubrían con la floración fastuosa y los colores brillantes de los carteles de Toulose-Lautrec”2

Tan importantes y decisivos fueron también el ensalzamiento del desnudo romántico del Art Decó en los años 20, la nueva industria del cine y el star-system que dio lugar al consumo de revistas de héroes del celuloide y el consiguiente crecimiento de la industria editorial, el crecimiento de la economía y el papel fundamental dela publicidad para incentivar un estilo de vida basado en el consumo (el motor dela máquina fabril de esos años).

En este contexto se consolidó como un género de ilustración y las pin-ups hacen sus primeras apariciones masivas de la mano de dibujantes de la talla de George Petty, Alberto Vargas o Gil Elvgren.

Del dibujo a la fotografía.

Podemos difirenciar dos etapas. La primera centrada en la ilustración, período en que los dibujantes adquirían fama y reconocimiento, época de las “Varga girls” o del infaltable teléfono de Petty. Sus representantes más conocidos son:

George Petty (1894- 1975 ). Se lo considera uno de los padres del estilo de dibujo pin-up. Trabajó con su padre en un estudio de fotografía (allí habrá aprendido a manejar el aerógrafo que se utilizaba para dar color a las fotografias).

Inició su carrera en los años 30 en la revista Esquirer. Las “chicas Petty” tomaban como modelo a su hija, Marjorie. En general son mujeres rubias, hermosas, con poca ropa y actitudes sugerentes que muchas veces aparecen junto al teléfono. Las primeras “Petty girls” aparecieron en Esquirer en 1933 y de allí pasaron a anuncios, calendarios y posters de películas convirtiéndose en el prototipo de chica deseada por todos. Dejó la revista por desacuerdos económicos (no tenía un acuerdo escrito con la revista) y fue, entonces, reemplazado por Alberto Vargas.

Alberto Vargas (1896-1982). Este peruano que reemplazó a Petty en Esquire había nacido en Arequipa, trabajó en el estudio de fotografía de su padre, a los 15 años viajó a Europa a recibir la mejor educación y recorrió París y sus

museos fascinado por la obras de arte, recaló en Nueva York al regresar de Europa, donde estallaba la primera guerra mundial, para regresar a Perú. Y allí, en la gran ciudad se quedó. Conoció a su mujer, pelirroja bailarina que, dicen, lo cautivó desde el primer momento que la vio; y fue su musa inspiradora. Trabajó también para Florenz Ziegfield para pintar a las “Ziegfield Girls” y en 1930 la Fox lo llevó a la meca del cine para que pintara a los artistas de la época: Greta Garbo, Dorothy Lamour, Marlene Dietrich, Bárbara Stanwyck, Paulette Goddard y Shirley Temple.

En 1939, trabajando para la Warner Brothers, adhirió a una huelga y por ello fue acusado de comunista y puesto en una lista negra. En 1940, buscando trabajo vio el aviso de Esquirer y comenzó a trabajar para esta publicación reemplazando a George Petty. Para ello tuvo que quitarle la “s” a su apellido y convertirse en Varga. Las “Chicas Varga” se convirtieron en un símbolo de la revista. En 1941 se vendieron 320 mil calendarios, a pesar de ello las condiciones contractuales y económicas en las que trabajaba Vargas eran de explotación. Inicia una demanda judicial a la revista por los derechos sobre sus obras, que finalmente pierde y queda en la ruina. En 1953, Hugh Hefner se va también de Esquirer y funda Playboy. En 1956 esta revista comienza a publicar el trabajo de Vargas. Sus chicas aparecieron en almanaques, tarjetas, posters, ilustraron el morro de más de un avión y llevaron alegría a los soldados en el frente de guerra.

Gil Elvgren también puede ser considerado al nivel de Petty y Vargas. Trabajó para una agencia de publicidad en Chicago durante la Gran Depresión y fue el protegido de Haddon Sundblom, dibujante creador del Santa Claus de Coca-Cola. En 1944 la “Brown & Bigelow” lo contrató para que realizara 20 chicas calendario por año. Sus pin-ups tenían estilo propio: cara de quinceañeras en un cuerpo de veinte. Y cultivaba más el modelo de “la vecinita”, de chicas comunes sorprendidas en situaciones embarazosas.

A finales de las década del 50 la llegada de la fotografía a la industria editorial hizo que el trabajo de los ilustradores pasara a un segundo plano. En 1953 la revista Playboy causó sensación con su foto central de Marilyn Monroe sin más ropa que su propia piel. Las exponentes más representativas de este período son Betty Grable y Bettie Page, con estilos diferentes.

Betty Grable (1916-1973), rubia estrella del show-bussines en los años 30 y 40, actriz de una cantidad considerable de musicales de Hollywood (por ejemplo “Cómo casar a un millonario” junto con Marilyn Monroe). Se la conoció como “la mujer de las piernas del millón de dólares” debido a que la Fox aseguró sus piernas por esa cifra. Su popularidad aumentó rápidamente cuando su foto en traje de baño se convirtió en la preferida de los soldados estadounidenses en la 2da. Guerra Mundial.

Bettie Page (1923- ?). Su perfecta mezcla de inocencia y perversidad la instaló como la pin-up más recordada, y la transformó en ícono. A fines de 1951 conoció a los hermanos Klaw y realizaron sesiones de fotos de bondage y spanking (atar y azotar). Realizaron también cortometrajes destinados a la venta por correo. Como era la modelo más solicitada comenzaron a filmar largometrajes (“Strip-O-Rama”, “Varietease” y “Tease-O-Rama” junto a Tempest  Storm). En 1955 es la playmate de Playboy en su número de diciembre. En esa misma temporada los hermanos Klaw fueron denunciados y enfrentaron cargos de “obscenidad”. En medio de este proceso legal Bettie aún tenía esperanzas de llegar a Broadway y siguió actuando en teatros pequeños. En 1957 hizo un poco de “camera club” y de un día para otro desapareció hundiéndose en el anonimato.

Otras pin-ups que merecen ser nombradas son Tempest Storm, Mami Van Doren, Marilyn Monroe.

Las Pin-up Hoy.

A pesar de haber terminado el reinado de las chicas pin-up, que hoy día pecarían de inocentes, su influencia está presente no sólo en el campo de la ilustración y el cómic, sino también en el cine y el arte en general.

Imposible no pensar en una pin-up al ver las chicas de Divito de la revista “Rico Tipo”, o al ver a Jessica Rabbit (la esposa del conejo protagonista de “¿Quién engañó a Roger Rabbit?”), a Betty Boop, a Barbarella. O al ver una película de Armando Bo en la que Coca Sarli se baña desnuda en las aguas de las cataratas del Iguazú y cuando se le aparece un peón “hambriento” ella le dice, tapándose con el agua: “Usted me malinterpreta”. Del mismo modo cuando vemos algunas historietas de Milo Manara o de Horacio Altuna.

Sin ser un dibujo claramente del género, por ejemplo, la historieta “Las aventuras de la dulce Gwendoline” del dibujante estadounidense John Willie también muestra reminiscencias de las chicas pin-up.

En la década del 60, en pleno Pop Art, Mel Ramos dibujó desnudos femeninos mezclados con productos de consumo masivo, revitalizando la sátira del consumismo.

Algunos exponentes contemporáneos, continuadores de algún modo de esta corriente son Olivia de Berardinis, Hajime Sorayama, Carlos Cartagena, Jennifer Janesko, Greg Hildebrandt, Dave Stevens.

En general exacerban el gusto por el fetichismo y la opulencia, que si se piensa un poco son dos modos del consumo exacerbado (el excesivo amor por un objeto y el exceso de objetos que amplifican y renuevan el deseo infinitamente).

La combinación de la imagen clásica con la caricatura que hace Rion Vernon con sus pin-up toons también merece ser nombrada.

Cabe preguntarse si en un tiempo en que se muestra todo, en el cual la sensualidad y el erotismo se construyen de otro modo, la imagen naif e inocente de las pin-ups tiene algún sentido más allá del recuerdo y la evocación, reflexionar cuál es ese sentido, ese lugar. Y si su utilización por parte de dibujantes actuales no tenga más que ver con un sentido homenaje y un gusto nostálgico por el pasado.

Las Pin-up también piensan

Una pequeña reflexión. Pensaba yo la relación de los norteamericanos con dos mitos constitutivos de su sociedad.

La guerra

Les enviaban pin-ups a los soldados que luchaban en el frente de batalla, pintaban a estas chicas en los frentes de sus aviones y el “Enola Gay”, avión bombardero encargado de transportar y arrojar la bomba atómica sobre Hiroshima, le debía su nombre a la madre de uno de los pilotos (qué sentido homenaje: “mami te pongo el nombre de la muerte para que seas recordada por muchas generaciones como la fría dama del exterminio masivo”). Insignias de valor, amuletos cautivadores que distraen a la muerte porque emanan vitalidad y porque portan recuerdos de casa, de las mujeres que dejamos esperándonos (no importa si son reales o estrellas de cine) y del estilo de vida que representan. Esto también es parte de la guerra.

El consumo

El star system volvió objeto, mercancía a las estrellas de cine y a sus vidas: sus imágenes, sus palabras, sus deseos, su decadencia y su ocaso. Las imágenes de las pin-ups promocionaban y vendían una mujer que alimentaba la libido masculina, deseo obediente que debía seguir deseando más y más a ese objeto. Ya no la mujer sino esa imagen construida y diseñada para ser deseada, a medias entre la mujer real (inalcanzable por cierto) y la representación del papel. Y así seguir produciendo imagenes infinitas de diversas mujeres siempre similares, en poses parecidas (eso que hace a la construcción de un género, tanto femenino como al de las pin-up) que, en la maquinaria perfecta del consumo, sigue construyendo imaginarios, alimentando deseos para seguir generando imágenes de pin-up, de modelos, de mujeres deslizándose por el caño…

 

Bibliografía

– Historia del arte, tomo 8, Salvat Editores, 1970, Barcelona.
– Hobsbawn, E. Historia del siglo XX, Crítica, 2002, Bs. As.
– Maurois, A. Historia paralela de los Estados Unidos y la Unión Soviética 1917-1960, Emecé, 1964, Bs. As.
– Satué, E. Historia del diseño gráfico, Alianza Editorial, 1993, Madrid.

En la Web

 – www.portalmix.com/pinups/
– www.ociototal.com/recopila2/r_aficiones/pinups0.html
– es.wikipedia.org/wiki/Pin-up
– www.thepinupfiles.com/