Artículo publicado en CRANN 47. Año 18. Junio de 2018.


El hacedor, sus obras, sus circunstancias

Nacido en una pequeña comunidad aymara llamada Catavi, de la Provincia Aroma del departamento de La Paz, Bolivia; Freddy Mamani al egresar como bachiller decidió migrar a la ciudad de La Paz, en donde empezó trabajando como asistente de albañil mientras estudiaba en la Facultad Tecnológica de Construcciones Civiles en la Universidad Mayor de San Andrés (1986) para posteriormente cursar la carrera de Ingeniería Civil en la UBI (Universidad privada del El Alto) seguido de la carrera de Arquitectura en la misma institución. Siguió desarrollándose como contratista por varios años hasta que decidió dar un paso más importante: promover un estilo arquitectónico que pudiera dar una identidad a su ciudad, El Alto, tan largamente menospreciada en el imaginario colectivo del país.

Allí, en El Alto, comenzó su hacer propio: básicamente construcciones privadas de seis pisos que dominan las vistas de la ciudad altiplánica, de grandes paños acristalados y enmarcados en fachadas convertidas en composiciones plásticas de molduras de yeso ensayadas en el momento y bañadas en brochazos de colores complementarios: naranja/verde y azul/amarillo. Una paleta cromática agresiva para la arquitectura tradicional, pero irresistible para una ciudad levantada en ladrillo desnudo, tras un paisaje altiplánico monocromático, frío y seco.

Su principal atractivo son los salones de baile, construidos en un segundo nivel por sobre la decena de locales comerciales diseñados en el primer piso. Es que la cultura aymara suele celebrar los grandes acontecimientos de la vida. Siempre hay un motivo para brindar y cuando las comunidades indígenas emigran a las ciudades, encuentran en los salones de baile la instancia para mantener sus tradiciones, pero hasta ahora, las edificaciones urbanas no estaban pensadas para las actividades de esas comunidades.

 

 

Para ello, Mamani diseña y construye espacios amplios y de doble altura, con bares, mesas para comer y beber cerveza, pistas de baile y tarimas para las dos o tres bandas que tocan en vivo. Salones generosos en espejos que rebotan las cientos de lucecitas incrustadas en paredes y techos, de los que cuelgan lámparas de lágrimas traídas desde China. Las pistas son resguardadas por columnas bordadas en detalles, mientras robustas curvas coloridas van tejiendo composiciones en los cielos, balaustradas con diferentes tonos y requintes.

Por sobre los salones de baile, se diseñan departamentos para arrendar, o bien, para los hijos de los dueños, aunque con especial énfasis en los espacio comunes. Sobre éstos, y coronando el edificio, se diseña “la vivienda del dueño, de una forma y diseño que rompen con el resto del edificio: es la casa patronal”. Su propuesta está pensada para la gente de negocios de El Alto, ciudad donde la vivienda y el emprendimiento económico se fusionan en un solo espacio físico. Por eso sus edificios engloban las actividades productivas y las de la vida cotidiana.

Claro que no es posible hablar de Freddy Mamani sin hacer mención al proceso revolucionario boliviano liderado por Evo Morales – primer presidente indígena de Bolivia; sin considerar las carencias y lujos de una rápida expansión urbana dispersa en El Alto, la ciudad más joven de ese país; sin tener en cuenta la emergencia de una nueva burguesía aimara ante el ninguneo persistente de las élites blancas. Todo ello y mucho más sustenta el nacimiento de una identidad arquitectónica contemporánea que incomoda a puristas, es rechazada por las escuelas locales de arquitectura y enorgullece a aymaras.

Decires propios:

“Mi formación como albañil ha sido fundamental primero para ejercer en el campo de trabajo y además para ser un profesional del pueblo y para el pueblo. La visión de cada oficio debe ser útil a las verdaderas necesidades de la ciudadanía”.

“En la facultad técnica nos sentíamos menospreciados por la cultura y otras carreras afines, pero ahora con el Presidente Evo se revaloriza la cultura originaria. Yo fui a Tiwanaco (2) y me impresioné con las formas tiwanacotas y estudié los libros. Yo he dado a mi diseño una descomposición y estilización de las formas andinas”.

“Lo que está sucediendo ahora es una inesperada revalorización de nuestra identidad, en la que mi arquitectura ha jugado un papel esencial” “En El Alto (3) no teníamos una identidad arquitectónica. Cuando llegan los turistas a La Paz, aterrizan aquí y, desde el avión, solo ven edificios sin color, de ladrillo visto. Ahora le estamos tratando de dar una identidad a nuestra ciudad”.

“El Alto es una ciudad pujante y bastión de las luchas sociales en Bolivia, más que elegir a El Alto migré del campo a la ciudad en busca de mejores días y a lo largo de mi vida esta ciudad me dio la oportunidad de construir ciudad, me da la oportunidad de construir arquitectura con identidad”.

 

 

“Me inspiro en nuestra cultura andina milenaria, en la música, las danzas, las artesanías, nuestros animales, como el cóndor y la llama. Esto lo mezclamos con lo moderno, con lo elegante y con lo que pide el cliente”.

“La Arquitectura Andina es la identidad de mi pueblo, a través de ella se conoce la ciudad de El Alto. Con mi trabajo estoy marcando identidad para El Alto y Bolivia hacia el mundo”.

“En la universidad nos forman bajo normas. Nos dicen que lo mejor es lo minimalista, que no contempla colores, porque si haces eso ya no eres arquitecto, pero en nuestra cultura (andina) no es así. A uno tiene que gustarle lo que hace y eso estoy haciendo”.

A Mamani le disgusta que a su estilo se le denomine cholet, (4) porque es un término que se utiliza despectivamente. En una entrevista con el diario El Deber (2015) recalca: “Quisiera que vean el trabajo que se realiza aquí, distinto a lo que estamos acostumbrados a hacer. Que afuera se hable de la arquitectura andina de Bolivia, bajo ese término”.

“Lo defino como la Arquitectura Andina más que Cholet que viene de dos términos como es; CHOLA y CHALET. El Cholet está en altura, quiero decir: encima el edificio; mientras que el Chalet está en la planta baja”.

“Los Cholet engloban una reivindicación: económica , social y cultural, además es un aporte al turismo en Bolivia”.

“Los dueños de estas edificaciones, aparte de ser clientes, son promotores de esta nueva arquitectura. Son comerciantes, son transportistas, mineros, personas dedicadas a la gastronomía, con un común denominador: su origen aymara… Son hombres y mujeres exitosos que quieren mostrar su identidad andina y su prosperidad”.

“ Ningún espacio puede carecer de detalles, de ser así representaría el más desesperante vacío. Todo demuestra la pasión por el movimiento, por el trabajo y la lucha, así como se ve en los tejidos de los ahuayos y otras prendas de nuestra cultura. El vacío es ausencia”.

“Mi idea es realizar obras que identifiquen a cada uno de mis clientes, pero también que rompan los esquemas, los estilos”.

“Lo que hago no agrada a todos” “Yo he roto los viejos cánones arquitectónicos y, sí, soy un transgresor”.

Sus ríos profundos Reitera constantemente en sus entrevistas que sus dos principales inspiraciones son las formas geométricas de la cultura tiwanacota y la policromía de colores en los tejidos del altiplano (“ahuayos”) (5) Asimismo se refiere a la chakana o cruz andina como un elemento recurrente en sus obras (6):

“En la cultura aymara la cruz andina representa el principio y el fin, las figuras circulares simbolizan el progreso, igual que el color amarillo”, aclara Mamani.

 

 

Notas insoslayables:

(1) Reproducimos lo que Mamani nos expresara vía mail más fragmentos de entrevistas disponibles en Internet.

(2) Tiwanaco (También Tiahuanaco o Tiwanaku) antigua ciudad preincaica, situada en Bolivia. Ubicada a 3845 metros sobre el nivel del mar, a 70 kilómetros de la ciudad de La Paz y a 10 kilómetros de la orilla del Lago Titicaca. Es uno de los sitios arqueológicos de América del Sur, el más importante de Bolivia.

(3) El Alto es una ciudad y municipio ubicado en el departamento de La Paz, (Provincia de Murillo) situada al oeste de Bolivia en la meseta altiplánica. Forma parte del Área metropolitana de La Paz, con la que forma la aglomeración urbana más grande del país. Se encuentra a una altitud de 4070 msnm, lo que la hace la primera ciudad más alta del mundo. Fue primero un antiguo barrio pobre de la capital boliviana, pero que en cincuenta años alcanzó vida propia acercándose al millón de habitantes, tomando protagonismo en la llamada “Guerra del Gas” que en 2003 hizo caer al presidente Sánchez de Lozada, y luego arroparía a Evo Morales en las elecciones de 2005, en un simbólico trasvasaje: Bolivia pasó del ‘Gringo’ al ‘Cholo’, y junto a aquello emergió y creció el orgullo de ser indígena.

(4) Cholets: término resultante de la mezcla de las palabras cholo y chalet. Construcción con las características de un chalet en la última planta de un edificio de 3 a 7 niveles destinados a usos comerciales o viviendas. Tipo de construcción que apareció en zona sur de La Paz y en Cochabamba, haciéndose muy frecuente en la ciudad de El Alto, siendo muchos de ellos diseño de Freddy Mamani.

(5) El típico “ahuayo” aymara, sobre todo en la zona de la paz, es listado con varios grupos de listas de colores alternando con estrechos sectores de pampa. De hecho, en todas las piezas y todos los grupos, distinguen la “pampa” del “pallai”. La pampa que significa el lado salvaje, no cultural, semidesértico, lo que está fuera del pueblo; en el tejido es el sector uniforme carente de decoración, en contraposición del pallai que es la parte decorada. Viene de la palabra quechua “pallay” que es igual que escoger, de la necesidad de escoger hilos para formar una figura. El “pallai” significa mundo cultural con significado. Quizá se puede decir que el textil es un mapa o paisaje esquemático. Los tejidos andinos no solo reflejan el mundo religioso sino también el entorno espacial y ecológico.

(6) La chakana o chaka hanan significa puente a lo alto o el mundo celeste. Es la denominación de la constelación de la Cruz del Sur y constituye la síntesis de la cosmovisión andina, asimismo, es un concepto astronómico ligado a las estaciones del año. Se utiliza para dar sustento a la estirpe y es la historia viviente, en un anagrama de símbolos, que significan cada uno, una concepción filosófica y científica de la cultura andina. Se trata de una cruz de orden quinario, simbólica, que representa la unidad de la diversidad, que mantiene una permanente tensión de correspondencia, complementariedad y reciprocidad entre sus diversos componentes. La Chakana debido a la simetría de sus ángulos, por su carácter métrico fractal y pragmático llegó a constituirse en un instrumento astronómico, matemático, de planificación territorial y político.