Diseñador de larga trayectoria, colaborador de CRANN y amigo de la casa, Fabián Carreras festejó durante el año 2020 sus bodas de perla con el Diseño. Treinta años de un matrimonio feliz, pero como todos, lleno de desafíos. Desde que en 1990 ganó, apenas egresado de la Escuela de Artes Martín Malharro, el concurso de diseño impulsado por la Secretaría de Turismo de Villa Carlos Paz, la carrera de Fabián (valga el vulgar juego de palabras) no paró. Porque sí, ese logo con un sol rojo arremolinado y sostenido por una tipografía gestual, del que seguro tuviste una remera, una taza o un suvenir, lo hizo Fabián. Esa sola obra ya es parte del universo simbólico de todo argentino que haya vivido por la década del ´90.

Pero Fabián siguió atravesando la era analógica, con sus tableros y su dibujo a mano alzada, sus debates con los encargados de fotocromía e imprenta, sus quebraderos de cabeza a la hora de diagramar; hasta llegar a la era digital con todos sus pros y sus contras. Viviendo en carne propia la transformación permanente de una disciplina que amplía todo el tiempo sus soportes y campos de incumbencia.

Como parte de ejercitar su músculo creativo, y en una permanente actividad que excede lo profesional, Fabián crea pequeñas joyas conceptuales de dibujo: espontáneo, directo y lleno de humor. Activo en las redes, las revela a sus seguidores como parte del hacer de un diseñador todoterreno.

Para festejar sus treinta años con el diseño, y en medio de un tiempo surrealista de pandemia donde todo parece frenar el devenir natural de la vida, en lugar de una fiesta Fabián proyecta un libro; que a poco de pensarlo es también una fiesta que cualquier diseñador que se precie sueña con organizar.

¿Qué sentiste cuándo, apenas salido del cascarón de la Escuela de Artes, ganaste el concurso de la imagen de Villa Carlos Paz y empezaste a ver que tus creaciones se difundían masivamente? ¿Qué te pasó por el cuerpo cuando viste por primera vez un pibe con una remera de la Villa?

Lo primero que pensé fue que estaba frente a una gran oportunidad. La ciudad tenía una necesidad concreta de diseño y éramos pocos diseñadores. También ayudó que había una economía floreciente en el primer gobierno de Menem. En esa época Carlos Paz no era tan mediática. Había una sola imprenta offset de mediano formato. Para instalar la marca se imprimió el afiche en Córdoba y se distribuía en los hoteles y empresas de servicios turísticos. Hice el ABC en términos de construcción de la identidad para la Secretaría de Turismo.

Al no estar legislado su uso se hizo de dominio público. El proceso fue lento y progresivo. Internet llegó en 1997. Los fabricantes de suvenires la implementaron en remeras y comenzó a dialogar con los estudiantes. Imagino que con cada temporada estudiantil, la marca iba creciendo en su difusión. Cuando veía las remeras no la pasaba muy bien. En ese momento tenía una idea muy teórica y purista del diseño. La marca comenzó a tener todo tipo de versiones, algunas más felices que otras. Al ver que la marca se distorsionaba intenté cambiarla creando una nueva. Imprimí manuales, diseñé un programa de comunicación. Por suerte el cambio no prosperó.

Mientras tanto la marca seguía creciendo y con los años se convirtió en el símbolo de la ciudad. Hoy con más perspectiva comprendí la diferencia entre hacer una marca que identifique a la secretaría de turismo, y otra una que identifique a la ciudad. También comprendí que todas las marcas turísticas tienen sus distorsiones; como Perú, NY o Ámsterdam, son inevitables los remixes. La última versión que vi es muy psicodélica, el logotipo estaba impreso a tres tintas fluo y desfasadas, pensada para que las tintas se activen con las luces de las discos. En un punto la marca es orgánica, entre todas las versiones siempre está la opción clásica. Hoy me siento muy orgulloso de haber hecho ese trabajo.

 

 

Durante tu carrera hiciste muchos afiches, desde los basados en juegos tipográficos, hasta otros mucho más gestuales y expresivos. Incluso tenés un libro publicado  en base a esos trabajos (1). ¿Qué encontrás en los afiches que no encontrás en otras piezas de diseño?

El afiche es una unidad concentrada de potencia. Es como una hojita de menta o un ají picante. En un punto se parece a una marca por la búsqueda de la síntesis. También puede ser algo caótico y fragmentado con un lenguaje encriptado a descifrar. Cualquiera de los caminos es válido para las distintas audiencias. Es una de las piezas gráficas donde mejor te podés expresar, tal vez sea por el tamaño y el desafío que propone tensionar la imagen en un rectángulo y lograr armonía en la contraforma.

Creo que lo mejor que tiene el afiche es que podés jugar a ser artista. Si lográs que se convierta en un hit tal vez lo cuelguen en una pared, y si lo pegan en la calle tenés tus 5 minutos de fama asegurados.

Publicás regularmente en las redes piezas que podrían llamarse con toda justicia de “humor gráfico” tomando gráfico por su acepción más cercana al Diseño. ¿De dónde surgen esas ideas?

Viene de la niñez. De las bromas y los chistes tontos. De los juegos de palabras y los actos fallidos. Pero hablando específicamente del humor gráfico, hubo un momento que fue clave. Cuando tenía catorce años trabajé de boletero en el teatro ReFaSi, de Mar del Plata, y entre bambalinas descubrí los camarines. En una de aquellas puertas había un dibujo de una síntesis magistral. Al verlo un poco más de cerca reconocí que el trazo era de un negro muy intenso y de una textura inusual. Estaba dibujado con rímel. El camarín pertenecía a Beba Bidart, una muy personal, cantante de tango, con sensuales labios.

El dibujo consistía en una estrella de forma irregular con los labios dentro y por debajo las letras B.B., a manera de sigla, eran un sutil guiño a Brigitte Bardot, actriz francesa que brilló en el cine de las década del 60 al 80. En ese momento comprendí el código en clave de humor, los contrastes entre las dos divas del espectáculo, y, sobre todo, esa fina sutileza de hacer un grafismo con un delineador de pestañas. En el camarín de al lado estaba el de Carlos Garaycochea, reconocido humorista gráfico argentino. Y era evidente que por el trazo y el estilo, el dibujo lo había realizado él. Por la noche hacía su sketch disfrazado de doctor con una nariz como la de Groucho Marx y en un rotafolio dibujaba infografías disparatadas.

Sin lugar a dudas esa influencia marcó mi adolescencia, y compulsivamente comencé a dibujar personajes de un perfil similar a los de este notable dibujante-comediante. Pasaron muchos años y en una entrevista Garaycochea contó que Saul Steinberg había sido una gran influencia para él, sobre todo el libro “Todo en líneas”. Obviamente lo conseguí.

 

 

Tenés un vinculación muy profunda con la docencia. ¿Qué pensás que le aportó a tu carrera como diseñador tu práctica docente?

Estar frente al aula te da locuacidad. Es un desafío mantener entusiasmados a jóvenes de 19 a 24 años. Hay que ser creativo, diverso, tener ritmo y sorpresa. Aprendés a planificar la clase y el año. A la vez el aula es un escenario propicio para la experimentación. Podés poner sobre las mesa tus intuiciones sobre las cosas que están pasando en el diseño. Si la idea es un plomo los alumnos te la bajan, y si va, se arma un círculo virtuoso. También la exploración sirve para actualizar los ejercicios de la currícula. Todo esto retroalimenta el trabajo freelance, sobre todo para hacer presentaciones claras y cortas. Desde el estilo gráfico la práctica en el aula alimenta la frescura y espontaneidad.

Como diseñador tendrás tu top five de los diseños que hiciste a lo largo de tu carrera, quizás por la calidad del diseño, o por la satisfacción que te produjo hacerlos o por cómo impactaron en tu crecimiento profesional. ¿Nos podés contar cuáles son tus cinco trabajos preferidos?

Kleptocracia
Beethoven 250
100 palabras en la lengua de los argentinos
FAQ Loquero
Michael Thonet

 


Fotografía Tecnópolis: Gabriela Valle.

En muchos de tus diseños se nota un enorme trabajo de síntesis, como si quisieras expresar una idea con la menor cantidad de elementos posibles. ¿A eso se llega mediante un proceso, es una idea que surge como un chispazo? ¿Cuánto de eso se trabaja adentro de la cabeza y cuánto en el block de bocetos o en la computadora?

Casi siempre pienso el concepto con una lapicera a prueba y error. Rara vez prefiguré una imagen, si lo hice la anoté en el celular para no olvidarla. Después me puse a bocetar para verificar si lo que había pensado estaba bien. Pero siempre hay un cambio o ajuste en el estilo.

Desde el humor gráfico sí, porque casi siempre funciona desde el oído. Escucho una frase que dice alguien y mentalmente la veo terminada desde el concepto. Después le hago algún ajuste de estilo.

No soy muy fan de la compu. Con la pandemia reformulé el espacio de trabajo. Ahora tengo una mesa rebatible especialmente para dibujar a mano. Al frente tengo la parte digital, un monitor grande y el escaner. Escanear es mi “statement”. En el medio una silla giratoria, voy y vengo. También me compré una Wacom y estoy probando una mezcla de dibujos analógicos digitales. Ni muy pulidos ni muy trash.

El chispazo existe y la sensación es física. El título del libro “A smile in the mind” lo describe muy bien. Esa sensación sucede y es cuando le ponés una X a un boceto porque identificás que ese concepto tiene algo especial. Los autores lo llaman pensamiento ingenioso.

El 2020 fue un año muy particular para el mundo en general, por la insólita pandemia que todavía nos tiene rodeados, y para vos en especial porque cumpliste treinta años como diseñador. ¿Qué sentís que cambió en vos desde ese pibe que egresó en los ´90s y el profesional que sos ahora? ¿Cuál es tu balance de estos treinta años de profesión?

Mi balance es que soy lo que puedo ser y no lo que quería ser. A partir de reconocer mis limitaciones puedo disfrutar mejor el día. Lo que cambió es que durante un período largo quería parecerme a mis superhéroes y ahora trabajo para parecerme a mí mismo.

 

 

Estás en pleno proceso de sacar un nuevo libro, lo que para un diseñador tiene un doble significado, como autor y como profesional. ¿Qué significado tiene para vos el objeto libro? Y sobre todo. ¿Qué significa para vos “soltar” un libro tuyo al universo editorial?

Es probable que este cerrando un ciclo. Una etapa de alineado y balanceado. Traté de poner en valor el trabajo como cronista y me pareció que podía ser un buen aporte dejándolo documentado en un libro.

Estamos en un momento en donde el debate libro físico vs. libro digital está un poco superado, en vista de que vos ya tenés publicado libros en los dos formatos (2), qué pros y que contras le encontrás a cada uno.

No tengo lector de libros electrónicos así que mi opinión es un poco sesgada. Me parece que un lector tiene esa virtud de la cantidad y lo liviano. El libro físico tiene volumen, olor y su peso está en relación con la cantidad de páginas. Lo podés recorrer como una escultura. Tiene frente, dorso y solapas. Transporta a otros espacios. Podés ser otro. Es un antídoto a los algoritmos Orwellianos. Te corre de la pantalla. Cuando veo una persona sumergida en un libro me identifico con ese estado de introspección y humanidad.

 

 

¿Nos podés comentar un poco qué nos vamos a encontrar en tu nuevo libro?

Es un relato en clave de cartografía random. Son artículos y entrevistas escritos para la Crann en papel, dos artículos de la revista tipográfica y algunos relatos de viajes.

Entrevisté a una docena de diseñadores de distintos países (Argentina, Chile, Brasil, Perú, Cuba, España, Estados Unidos, Alemania, Suiza, Francia) y les pregunté sus formas de trabajo, sus gustos personales. El libro está conectado por el motor de la curiosidad de un diseñador gráfico que quiere seguir aprendiendo y les pregunta a otros colegas cómo lo hacen. Trato de destacar el trabajo de otros diseñadores que considero tienen cosas importantes para compartir.

Hay un hilo conductor en casi todo el libro y es la música. Muchos de los entrevistados comentan sus gustos musicales y en los artículos también hay citas a bandas. Me pareció buena idea hacer una playlist en Spotify a manera de Soundtrack. Uff… cuantas palabras en inglés.

  Playlist Spotify

 

Se viene un 2021 todavía en pandemia y con los cambios que para muchos significó esto para la dinámica laboral. ¿Qué proyectos nuevos tenés en carpeta para este año?

Hacer yoga. Ver más seguido a mis amigos y familia. Tratar de ponerle más frescura y humor a las clases en sus diversas modalidades. Reírme de mis contradicciones y exigencias. Presentar el libro “Dar la nota” y ver como fluye. Seguir con las marcas y los afiches. Dar un taller de creatividad presencial en septiembre.

Esos son mis principios, pero los puedo cambiar por otros.

Gracias Fabián!!!!

 

  1. Afiches, Fabián Carreras. 10 recursos expresivos. Editorial UCES https://bit.ly/30zT7f1
  1. Afiches, Fabián Carreras. 10 recursos expresivos. 164 páginas. Editorial UCES. https://bit.ly/30zT7f1
  1. Frases para el aula. 218 páginas. Editorial Trotamundis. https://graffica.info/pensamiento-visual-reconsiderado/
  2. Diseño gráfico dibujado. 116 páginas. Amazon Kindle Store. https://amzn.to/30EHJi5
  3. Sobre diseño. 124 páginas. Editorial Asunto Impreso. https://bit.ly/3nmIGFi