Diseño, comunicación y otros pastos

A fines de la década de los ´90 un grupo multidiciplinario de estudiantes de Diseño, Arte y Periodismo, se propusieron la tarea de crear una publicación. Ese aventurado plan se cristalizó en el primer número de la revista CRANN que salió de la imprenta en septiembre de 1999. Los estudiantes que la habían soñado en trasnochadas conversaciones y debates, dibujando sus castillos en el aire con la ligereza que les daban sus poco más de veinte años, habían logrado en pocos meses y contra todo pronóstico lo que se impusieron como meta. 

Lejos de un entusiasmo pasajero (no son pocas las publicaciones que nacen y mueren en su primer número) CRANN perduró en el tiempo con casi cincuenta números editados en papel, más ediciones especiales y libros. Han pasado veinte años. Los estudiantes se convirtieron sin advertirlo en empresarios (no de los que andan en voituré sino de los que caminan para buscar publicidades), en esposas, en padres o madres, en señores barrigones que miran de reojo la glucemia y en bonitas señoras que combaten heroica y diariamente entre trabajo, hijos y horarios.

Sin embargo aunque los creadores han madurado, CRANN permanece, como el oculto retrato de Dorian Gray, congelada en su arcádica juventud. A lo largo de los años, la vital incongruencia de los primeros números, lejos de diluirse con el paso de la experiencia, se convirtió en su sello de origen. CRANN nació como un experimento, un espacio de libertad, de expresión, de publicación de discursos alternativos: galería de ignotos, caleidoscopio de opiniones, soporte del discurso de profesionales consagrados y de jóvenes promesas. Curiosamente, no obstante contracultural, CRANN fue declarada de Interés Cultural por el Ministerio de Educación de la Nación y la Municipalidad de La Plata, su cuna geográfica. Del mismo modo, sus artículos pasaron inesperadamente a formar parte del acervo de numerosas cátedras de universidades de nuestro país y de América. Constatar estas aparentes contradicciones da cuenta de lo difícil que es definir qué es CRANN.

En las páginas de la revista han publicado su trabajo profesionales, idóneos y estudiantes de Diseño, Artes Plásticas, Cine, Arquitectura, Comunicación, Diseño Industrial, Docencia y un largo etc. que evade las clasificaciones. ¿Qué tenían todos estos autores y disciplinas en común? Probablemente nada, o todo, según como se mire. Lo más evidente, la ambición de un alto estándar de calidad en lo que se publicaba, tanto en contenido como en diseño. El resto: las ideologías, las opiniones, los discursos, las propuestas; corrían por cuenta de quien escribía y no eran circunscriptas a una línea editorial que les marcara el paso. Quizás por eso CRANN ha permanecido lozana a lo largo de tantos años, porque nunca dejó de ser el patio de juego de un grupo de jóvenes inquietos. 

Con el tiempo CRANN advirtió que su formato: un códice de 22 x 21 cm. (rupturista de por sí) no era suficiente para expresar lo que quería decir, y mutó, fruto tal vez de la identificación y la mixtura entre Diseño y Arte que muchos negaban y CRANN reivindicaba, en nuevas experimentaciones de formato que alocaban los pliegos y las bibliotecas. La síntesis de la síntesis, como el cuadrado blanco sobre fondo blanco de Kazimir Malevich, como las experiencias de la imprenta de aquel enorme pensador que fue William Morris, fue realizar una edición de CRANN con tapas personalizadas una por una por artistas, diseñadores, calígrafos, ilustradores, muralistas… CRANN le devolvía en su número 47 el aura de lo único a un producto seriado, creando un objeto contradictorio en sí mismo que ponía de relieve las tensiones intrínsecas de una revista que se había convertido, aunque suene pretencioso,  en una obra de arte.

Hoy CRANN ha mutado nuevamente y es un medio basado en lo digital. Con un sitio donde se publican los artículos y ensayos de sus colaboradores que se articula con las redes sociales con el fin de difundir, de un modo más cercano, instantáneo y cómodo, el material al que CRANN tiene acostumbrado ofrecer a sus seguidores. Con el mismo espíritu democrático que le dio origen a la revista, el sitio no tiene ninguna restricción de acceso, todos los contenidos pueden ser leídos sin suscripción ni aporte monetario alguno. Del mismo modo, CRANN está abierta a ofrecimientos de colaboración que se pueden evacuar (fea la palabra) en el formulario a tal efecto.

Hoy CRANN es más que una revista, un sitio, una usina de experimentación, un corpus de conocimientos acumulados a lo largo de veinte años; hoy CRANN es un punto de encuentro donde se debate qué haremos, en este mundo convulsionado como de costumbre, con los mensajes que generaremos en el futuro a través de medios que no dejan de nacer.