Greatest Hits

Crann – 4 años de diseño 1999-2003

A veces, en una suerte de coleccionismo mal entendido, o de una inercia de la voluntad, acumulamos textos indeseables que entorpecen nuestros pasillos y bibliotecas. Libros y revistas que jamás serán leídos o vueltos a leer, se apilan como consecuencia de una cierta piedad por el objeto y horror por el desprendimiento, o por la pérdida (de algo que en realidad no queremos). Al contrario, muchos son los casos en que cierto texto que necesitamos, o simplemente deseamos, no nos es asequible por una circunstancia X, que puede bien ser económica o bien de otro género. Esto ha ocurrido precisamente con algunos números (no revelaremos cuales para mantener latente la avidez de los coleccionistas) de nuestra revista Crann. Su éxito fue también su muerte.

Impracticables reimpresiones, que se resolverán en el futuro cuando nuestros escritos vengan en gel o spray, o tal vez en formato masticable, nos han impulsado a buscar la forma de poner en manos de nuestros fieles lectores una maqueta de lo pasado.

Demostrado está que el trabajo del historiador es muchas veces, como indica Foucault, el de un lector de otros historiadores, y no como puede suponer nuestra imáginación romántica, un trabajo de campo. La historia para ser historia, tiene que reposar en la barrica del tiempo, porque la historia de lo inmediato se llama, como ya sabemos, periodismo. En esta suerte de sedimentación temporal la historia perderá lo efímero, y conservará lo medular. Pero es en este transcurso también, que por la falta de criterio de selección del tiempo, la humedad, los incendios, las invasiones y los gobiernos totalitarios, muchos de aquellos vestigios que son igualmente importantes, se perderán de forma irremisible. El historiador deberá entonces contentarse con comentarios o crónicas o referencias, no siempre confiables, que sumados a su pericia y muchas veces imaginación, deberán solventar esta ausencia.

Borges, en su articulo “El idioma analítico de John Wilkins!, recurre a otros cuatro textos de autores ingleses y alemanes, por no contar con el libro de Wilkins “An Essay Towards a Real Character and a Philosophical Language”, ausente por azares del destino (valga la paradoja) de nuestra Biblioteca Nacional. Así, Borges edifica un comentario y una crítica al texto de Wilkins, sin en rigor haberlo leído, y confiando en una suerte de vestigio edificado, fruto del entrecruzamiento de los cuatro escritos mencionados. El artículo de Borges será el comentario de un comentario de un texto, qeu a su vez compara con otros comentarios de otros textos, en una postergación cada vez mas dilatada de la fuente concreta.

Lo apuntado por Borges revela de paso, cómo nuestra historia y nuestra cultura, están elaboradas muchas veces en base a referencias de referencias de referencias de un “algo”, que ha desaparecido o bien pudo haber no existido.

Contribuyendo a este despilfarro, Crann edita este brochure, que intenta dar cuenta de algo que ya no existe, más que en las bibliotecas o revisteros de algunos afortunados (falta de humildad). Por añadidura, esta edición dará una idea del espíritu de la publicación y de su evolución (si existió). Mentiremos, claro está, al describir las ideas y los resultados a los que arribamos con cada número, describiremos artículos geniales y entrevistas brillantes, diseños reveladores e ideas vanguardistas, apoyados en la certidumbre de esta fuente que se ha vuelto inaccesible e inefable. Así, si el tiempo nos ayuda, sólo llegará a manos de los historiadores del futuro, esta referencia subjetiva y benévola de nuestros esfuerzos, perpetrando así un nuevo engaño de nuestra parte, en este caso a la posteridad.